miedo a la gente

Miedo a las miradas, miedo a la gente

¿Hay miedo a la gente? Sí, claro. Ud. lo sabe. Hay gente amenazante, hay estereotipos del pibe chorro, del posible abusador. Hoy cuando alguien se acerca rápido a espaldas de uno, es casi imposible no mirar de reojo y prepararse por las dudas. Ese miedo es hoy un miedo extendido, real, concreto. Vida y muerte.

Hay también miedo a gente con poder, gente agresiva, gente impulsiva, puede haberlo a gente prestigiosa, soberbia, famosa.

¿Pero hay gente que le tiene miedo a la gente? ¿Hay gente que le teme a la mirada de los otros? ¿Es posible que alguien sienta el mismo pánico que alguien que teme a los aviones, antes de subirse a este, cuando está yendo a una reunión social, fiesta, almuerzo? Sí, hay gente a la que le pasa esto, y no son casos rarísimos, sino más frecuentes de lo que se supone.

¿Pánico social? ¿Fobia social? Cerca. Se trata del TRASTORNO EVITATIVO. Este es un trastorno sumamente molesto y por el cual no se consulta lo suficiente, siendo sin embargo generador de problemas en diversos contextos de la vida.

¿Cómo suelen ser estas personas debido a su miedo?

Las personas con trastorno de personalidad por evitación están tan preocupadas por sus supuestas limitaciones y carencias personales que sólo logran relacionarse con los demás si tienen garantías de no ser rechazados, prefieren estar solas antes que arriesgarse.

Tienen extrema ansiedad en situaciones sociales, a pesar del fuerte deseo de intimar. Aun cuando desean acercarse a otros, guardan distancias y se aseguran de contar con aprobación antes de abrirse.  Tienen por ello, tendencia al distanciamiento social y son distantes.

Su comportamiento y discurso son controlados. Permanentemente escaneando el medioambiente buscando datos que puedan ser potenciales amenazas o aceptaciones.

Poseen sentimientos de autodesprecio e inferioridad, debido a su baja autoestima debida a la devaluación de sus resultados y el énfasis desmedido en sus defectos, son por ello, muy autoconscientes de sí mismo en todo momento social. Y si bien las desean, tienen gran dificultad para iniciar relaciones amorosas, amistosas, íntimas o sexuales.

Aaron Beck, propone que los afectados por TPE suelen haber tenido en el pasado alguna persona significativa que les criticaba y rechazaba. Piensan por ello, que no pueden gustar a nadie, y que si ocultan su verdadera personalidad engañarán a los demás, al menos en parte o por un tiempo. []

 Tienen pensamientos automáticos autodenigrantes, cada vez que se encuentran en situaciones sociales o cuando piensan en futuros encuentros. Interpretan reacciones neutras o positivas como negativas. Por ejemplo, si alguien los elogia, creen que ha sido para ridiculizarles o por lástima.

Se basan exclusivamente en cómo creen que les perciben los demás. []Su situación es consciente, saben que sufren algo que no les permite vivir bien y, generalmente, saben qué tienen qué hacer para mejorar sus vidas. Pero el coste inmediato, en emociones negativas y ansiedad que implican los tratamientos, les parece demasiado alto y por lo tanto evitan la consulta o esconden estos síntomas. Con frecuencia los que viven cercanos a ellos ignoran estos síntomas ya que los guarda. Pueden ver que ocurren cosas extrañas en lo relacional y lo social, sin embargo, no es fácil percibir la razón de esto, ya que no lo dicen.

Lo paradojal y que vuelve a este sufrimiento tan intenso, es que en contraposición a su hipersensibilidad al rechazo, desean intensamente ser aceptados y tener relaciones interpersonales.

A continuación transcribiré un relato/retrato de Gabriela Armentano. Esta escritora argentina radicada en Francia me llamo la atención por lo claro que define a la patología. Posee un estilo muy perspicaz y poético para describir rasgos de personalidad, y creo que remata muy bien el artículo desde un ángulo distinto.

 

La Mujer del Cuadro

La mujer del cuadro

La mujer del cuadro, tan blanca, tan triste, tan quieta.

La mujer del cuadro, tan perfecta, tan planchada, tan callada.

La mujer del cuadro, tan atenta, tan desconfiada, tan vacía.

Tan sola y con tanto miedo.

La mujer del cuadro se peinó como corresponde, no dejó ni un pelo suelto, ni uno rebelde. Utilizó un lazo para que realce el color de su cabellera. Empleó una cinta de algodón para que no la dañe y sobre todo, para que no luzca extravagante.

:La mujer del cuadro eligió el vestido según el color y el corte que estaban de moda esa temporada. Prestó especial atención a parecer bonita, pero no vulgar. Lo planchó con dedicación.

La mujer del cuadro buscó los zapatos más finos que tenía y los lustró la noche anterior, para que no huelan a cera. Revisó minuciosamente cualquier posible daño del cuero o exceso de pomada, sin olvidar el estado de los cordones.

La mujer del cuadro se acostó temprano y durmió bien, para que su piel estuviese descansada y suficientemente lozana.

Antes de dormir, repasó mentalmente las cosas que tenía que hacer al día siguiente y el camino que debía tomar para llegar al salón. Ya casi dormida, pensó o soñó, cómo sería su entrada al salón y especialmente, la mirada de los demás. Luego se durmió tan profundamente que no llegó imaginar la conversación con algún caballero.

Al día siguiente, segura de tener todo bajo control, se bañó, se perfumó y se maquilló para estar limpia y bonita, pero no en exceso.

A la hora acordada se dirigió al salón de la fiesta y entró como lo había soñado. Hizo unos pasos y encontró un taburete frente a un espejo oval con un marco dorado trabajado en bajo relieve. Se sentó allí para controlar su aspecto en todo momento y empezó a pensar que no sabía cómo entablar una conversación.

Trató de calmarse diciéndose que se veía bonita y arreglada, acorde con la situación y nada exagerada; con un poco de suerte nadie la notaría. Se miraba fijamente en el espejo cuando pasó un caballero y la vio tan concentrada que le dijo a modo de cumplido: ¡Vuestro reflejo parece un cuadro! Ella se sintió turbada, no entendió si era un piropo o una broma y no supo qué contestar.

Y allí se quedó la mujer del cuadro, tan limpia, tan bonita, tan perfecta y con tanto miedo.

Este trastorno, no solo es grave en su mismo. Es el iniciador de consumo de alcohol y drogas calmantes. En tiempos tempranos, adolescencia particularmente, se dan cuenta que al tomar pueden sentirse más liberados y seguros. Es por lo tanto un trastorno muy disruptivos, discapacitante y de riesgo. Se debe tener en cuenta que puede ser abordado exitosamente, y vivir una vida más plena.


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Publicado porFabián Melamed

Licenciado en Psicología • Magister en Psicología Social Comunitaria • Profesor de Diversas Facultades e Institutos de Psicología de Argentina y el Exterior • Consultor Internacional en Conflictos Sociales y Cultura de Paz • Especialista en Terapia Familiar • Especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria • Fellow Membership de la Academy for Eating Disorders USA.
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