Incertidumbre, Relativismo y Caos: El Nuevo Malestar en la Cultura

Un gran signo de estos tiempos es la Incertidumbre. Como  nunca en la historia occidental hay un proceso de incertidumbre general en medio de un clima de estabilidad (no bélica abierta, al menos).

La interacción rápida entre datos, máquinas y usuarios, junto a la globalización, con sus rápidos efectos y contagio, generan impactos impredecibles, todo lo que hace de la inestabilidad una forma de vivir en nuestra cultura. ¿Dije algo nuevo? ¿Alguien hoy, duda de esta afirmación?. La popularización de teorías de la física, como la de la relatividad, el Principio de Incertidumbre o de otras disciplinas como la Teoría del Caos, no casualmente se han vuelto, palabras de uso más cotidiano y popular, trascendiendo el contexto académico. Claro que son solo metáforas, nada tienen que ver estas teorías muy especiales y específicas, con nuestra realidad social, sin embargo como metáfora, estamos viviendo tiempos donde lo relativo, lo incierto y la sensación de caos que esto instala, nos genera una familiaridad con los términos. Sentimos, que hemos perdido la certeza de nuestras creencias conservadoras, que las cosas ya no son de una manera, sino “relativas” al modo en que se las mire o desde donde se las mire.

La teoría del receptor, permite pensar en la indeterminación de los significados, la incertidumbre como variable, juega en nuestras vidas, como nunca antes. La idea de que causas aparentemente lejanas y no relevantes puedan generar impactos serios a nuestras vidas, es algo que también nos quita del campo de la predictibilidad. Falta de predictibilidad, relatividad de las cosas e incertidumbre nos acosan. ¿Es filosófica esta expresión? No, de ninguna manera, es bien concreta, se la puede palpar en nuestras vidas, de manera muy sentida. Todo está bien y de pronto, un grupo de ambiciosos e irresponsables agentes del mercado inmobiliario, crean un juego de hipotecas y este se larga sin parar hasta que genera una burbuja que explota, esa explosión, repercute en el mundo y genera una ola de perdidas de casas, dineros, puestos de trabajo que de un momento para el otro, se convierte en un impacto bien concreto en las vidas de las personas. Teoría del caos… Impredectibilidad de los movimientos sísmicos que traen ciertas decisiones.

Veamos un ejemplo muy general, pero pensable para lo que ha ocurrido hoy. En una secuencia pondré títulos, vea: Torres Gemelas Septiembre 11- Guerra en Afganistán e Irak-  Caída de los lideres tradicionales de estos países- Primavera árabe- Caos social en los países “liberados” de sus sistemas dictatoriales- Guerra civil en Siria- Nacimiento del Ejercito del Estado Islámico- Migraciones masivas- Brixit- Crisis de la UE-Cae la soja, se complican los mercados -¿próximo? Esto ocurre en una secuencia ligera y muy simplista, pero intenta mostrar el modo en que procesos, que parecen aislados y coyunturales, se van conectando, Teoria del Caos. Podríamos ponerlo así para que quede mas extremo: “Caen las torres gemelas, Reino Unido dejará la UE” En 2001 hubiera sido ridículo ¿no? Sin embargo…Sin embargo, mas allá de la geopolítica y la economía, hay situaciones mucho mas próximas a nuestras vidas, que me quiero recalcar como impacto próximo de estos.

El primero mas relevante, en mi profesión, es el crecimiento exponencial de los trastornos de ansiedad, siendo en la actualidad el trastorno psicológico, que compromete a mayor cantidad de sujetos gente en el mundo occidental. Efectivamente, la incertidumbre es un pilar de estos trastornos. En la medida que la incertidumbre aumenta, hay mas ansiedad. La ansiedad es una respuesta, en inicio a niveles de amenaza ante situaciones en las que no sabemos cómo saldrán las cosas, o si las podremos resolver, afrontar al menos y como saldremos de ellas. De esta manera, es fácil entender por que, si aumenta la incertidumbre, también lo hace la ansiedad. En un mundo de procesos que pueden poner nuestro sustento, casa, vida o especie en peligro, no es fácil vivir. Hace 100 años, la gente muy probablemente nacía y moría en el mismo pueblo, donde altamente probable, es que su padre y abuelo, también lo hubieran hecho. Que no viajaba mas allá de unos km de su aldea y que tuviese un conjunto de reglas que le explicaban mucho y le indicaban todo. De esa forma, la incertidumbre estaba reducida a un mínimo, básico y vital, pero no social. En cambio ahora, como lo verá Ud. en su vida, no es la regla que maneja nuestra cotidiano existir. Al ocurrir esto, se ha disparado la ansiedad, la gente toma precauciones, se aflige mas, por las dudas trabaja mas, y en cada mas que se lee aquí, la ansiedad aumenta, junto a ella, el cortisol, la adrenalina, con ello el estrés hace estragos y en medio de ella irrumpe la ansiedad. Hay países donde la estabilidad es mayor, es cierto y otros como el  nuestro donde ella irrumpe, con fuerza a niveles tales, que tomar ansiolíticos es un hábito social.

Junto a este tema, que lo acucia, aparece otro, que también se me presenta interesante de observar en mi trabajo. Las diferencias generacionales, se han vuelto críticas. La generación Y ( o los milleneanns), deja a los padres frente a niños y adolescentes, luego jóvenes adultos, con una asombrosa incapacidad para comprenderlos, pues no les interesa nada de aquello que a ellos les había interesado, y no solo a ellos, sino a sus antepasados también. ¿Cómo vérnosla con intereses tan contrapuestos e identidades tan disímiles, conviviendo con ellos y estando a cargo de su crianza, instrucción, formación? Piense que estos jóvenes se han criado en un mundo, muy cambiante, con valores relativos, y una alta incertidumbre, nada duro mucho.  Sus herramientas para enfrentar el mundo los ha equipado con una natural desconfianza y hasta rechazo a lo estable. No creen, ni les parece un valor lo estable. Cambia, todo cambia, canta Mercedes Sosa, y así es más que nunca. Entonces si todo cambia, si es imposible parar esto, y la incertidumbre se instala, con una gran conciencia que mi vida está en manos de otros, tan lejanos a mis lindes e intereses, pues me refugiaré en un mundo donde valoraré el cambio, me entusiasmaré en la incertidumbre y pensaré, como dicen muchos de ellos hoy, que el universo es el que elije. Han perdido la confianza en su propio poder para cambiar las cosas de manera estable, pero no lo viven así. Mas bien han optado por una actitud de una vida donde las metas son más efímeras y desapegadas. Hacer carrera en una empresa, o al menos pasar en ella un mediano plazo, les parece una pérdida de tiempo, mejorar económicamente a cambio de dejar de lados hábitos que ellos consideran relevantes, tales como viajar, practicar un deporte favorito, o realizar un hobbie, es impensable. ¿Son irresponsables? No lo creo, en todo caso, me parece que responden a un mundo, donde todo es efímero, menos comprometido y mas alternante. Las ideas e instituciones se cambian, mutan, matrimonios duran cada vez menos, los nacionalismos se dudan, al igual los valores clásicos. Esto genera distintas formas de crear conciencias e identidades. Hoy un joven “Y” se define a sí mismo, no desde su trabajo o profesión, sino desde sus gustos. Haga la prueba y pregúntele a una persona de 50 años que se defina y luego hágalo con alguien de 25 y verá sorprendentes diferencias.

Encontramos padres sorprendidos porque sus hijos, no siguen sus empresas o no buscan trabajo, que les gusta consumir, pero que si se les corta todo, se la bancan y viven con una austeridad inaudita para la generación de adultos. Antes una forma de poner límites a un adolescente o joven era “cortándole los víveres”. Ahora, inténtelo, solo verá que dejan de gastar y punto. Prefiero estar con mis amigos, haciendo skate o tirando al aro, comiendo algo en la casa de alguno con birra barata que trabajar o estudiar de 8 a 16. Diferencias que vienen no por caprichos generacionales, sino también por un mundo que plantea que mucho de lo que se empeñe en hacer, es altamente posible se lo arrebaten. Donde el hoy y su esfuerzo puede no relacionarse al futuro. Entonces, me atengo al hoy, a los pareceres del universo y me dejo llevar, disfrutando de lo que hay hoy aquí y ahora. ¿Es malo? En parte no. Es una forma mas fresca de ver la vida, vivir mas Zen, sin embargo es también parte de esta forma de vida, el mantenimiento de lo básico por los padres y un aniñamiento parental de sus hijos, pero no confundamos, eso es cosa de otra columna….